Hagamos arte rondallero

Por: José Luis Pérez “El Comanche”

Existen en la actualidad diferentes posturas con respecto al arte. De manera personal, pienso que muchas de estas definiciones surgen de la desviación del mismo y sólo con el propósito de justificar las aberraciones o resultados bizarros en obras de pseudo artistas. El arte, desde el principio, ha tenido una definición clara. Me apego a la que enseña que el arte es comunicar un mensaje eficazmente a través de una obra, luego entonces el arte lleva un mensaje y entre más claro y definido más eficaz.

De la misma manera concuerdo con la idea de que la música es un lenguaje universal que expresa en cada pieza sentimientos y emociones cuando es instrumental y un mensaje específico cuando tiene letra. Nos coloca en un escenario cuando es sólo instrumental o nos cuenta una historia en poesía musical.

En cada concurso nacional de rondallas, notamos el esfuerzo de cada participante con el ánimo de presentar un buen trabajo, pero en la mayoría de las ocasionas no observamos un compromiso real por presentar una obra de arte. La mayoría de los que participamos le dedicamos tiempo a la afinación, a la ejecución instrumental perfecta y hábil, a la ostentosidad o virtuosismo en los arreglos y técnicas vocales y prestamos poca atención a la obra en su conjunto. No consideramos si el trabajo de armonización va de acuerdo al carácter que pide la letra de la obra o no tomamos en cuenta si el cambio de ritmo o género, de balada a swing, o de bolero a cumbia o rumba, en realidad contrasta con las ideas expresadas en la historia relatada.

Creo que ésta es la principal razón por la que hay rondallas que suenan muy bien musicalmente, pero de ninguna manera comunican de forma eficaz. En ocasiones, muchas de éstas son premiadas por solo sonar y ejecutar virtuosamente un arreglo. Honestamente pienso (y lo he comentado) muchas de éstas obras son como para sonarlas en un elevador o como música de ambiente en algún centro comercial (jejeje).

También creo que esta es la razón por la que muchos añoran las formas y estilos antiguos, la simplicidad de arreglos de las épocas iniciales de las rondallas que, ante todo, privilegiaban la comunicación eficaz del romanticismo. No creo que una regresión a la simplicidad sea la solución, pienso que, como he comentado con algunos amigos, debemos también cambiar las formas de evaluar. Debe, sobre todo, considerarse el resultado final y para ello debemos definir qué queremos en una obra ejecutada por rondallas. ¿Malabarismo artístico? ¿O… arte?

Creo, simplemente, que debemos hacer arte rondallero, obras que más que apantallarnos, verdaderamente nos arranquen suspiros o lágrimas, que nos transporten a momentos en la vida, obras que utilicen todos los bellos recursos que la música tiene con el fin de comunicar eficazmente un mensaje de amor, de dolor, de celebración a la vida o de reflexión.

¿Cuánto es necesario y cuánto es excesivo?

Por: Rodolfo Bautista

Un cibernético saludo.

Estas fechas han sido un tanto raras para mí, debido a que he vuelto a mis orígenes musicales mediante una participación como acordeonista en la Estudiantina de la Preparatoria No. 3 y algunos amigos/alumnos de acordeón me han invitado a participar con su grupo (una estudiantina). Así que se diría que estoy siendo seducido por el lado oscuro.

Conviviendo un poco con ellos percibí que en la estudiantina se viven algunas situaciones similares a las nuestras, sobre todo en el concurso. La polémica son dos puntos:

1. ¿Qué tan determinante es el desenvolvimiento escénico?

2. ¿Cuántas voces son necesarias y cuánto ya es excesivo?

El primer punto es demasiado subjetivo, considero yo que el sonreír, el moverse  (si la pieza lo requiere) refleja un dominio de la pieza, que la pieza está diciendo algo al intérprete y el intérprete está expresando tales emociones corporalmente. Aunque, conviviendo con artistas de teatro, me comentan que no se explican cómo los músicos pueden moverse tan poquito o casi nada en el escenario. Yo en lo personal creo que  los músicos no lo necesitamos para llegar a expresarnos, pues la música no es dependiente del movimiento corporal, pero ayuda mucho en cuestiones de expresión musical. Mi sugerencia es tener un justo medio, es decir, ni hacer un show coreográfico circense ni tampoco quedarse estático sin dar un mínimo de muestra expresiva.

También un punto a tener en cuenta es el ritmo y el género/estilo en que interpretarás la canción. Una canción melancólica o dramática, no creo conveniente que se le ponga  baile o se tenga que sonreír.

Lo segundo, ¿cuántas voces?

Si pudiéramos traer a un músico arreglista o compositor europeo de la Edad Media dedicado a la música sacra y escuchara o viera esta pregunta simplemente no la concebiría, ya que en esa época un músico que se respetara mínimo tenía que componer a cinco o seis voces polifónicas, es decir, no armónicas (tomando en cuenta que en esa época  no se usaban los acordes de séptima, novena, etc.), sin modulaciones (toda la pieza en la misma tonalidad). Les dejo una muestra tanto del video como de la partitura de un motete a 40 voces de Thomas Tallis.

Descarga aquí la partitura

Estoy consciente de que los tiempos cambian y que este tipo de obras están hechas tanto para un público distinto como para un fin ajeno al popular. Pero si lo comparamos con lo nuestro, tres voces o cuatro es nada.

Ahora entiendo a los maestros que me decían que hay preguntas que no tienen respuesta, y este es el caso, ya que en ambos puntos dudo que se llegue a un acuerdo de cuántas voces son necesarias o cuánto es debido expresar escénicamente, porque de hacerlo, simplemente se perdería la originalidad al restringir tanto el uso de voces como el desenvolvimiento escénico. Esta polémica es buena, ya que de volvernos tan cuadrados y específicos, tanto la  gente en el medio que no sepa de términos musicales como el público melómano, no podrían emitir un juicio y los concursos se volverían monótonos al haber un solo estilo, tal vez una sola voz.

Para llegar a un acuerdo de este tipo, tal vez se tendría que concursar con la misma canción, mismo número de integrantes, de la misma edad, tocando en el mismo tono, con los mismos arreglos… en fin, sería algo más que aburrido. En la realidad, recordemos que el concurso es apreciativo porque  la música es arte y aunque es una competencia, no se trata de ver quién canta más alto, más rápido o más fuerte.

Creo que esta polémica sólo podría aplicarse en el concurso, en un evento o convivencia, donde la mayoría del público tenga como referencia a la Rondalla de Saltillo y cuando van a escuchar rondallas esperan que el grupo salga con capas, tocando Mitad tú, mitad yo, con laudes y tricordios. Considero excesivo tanto meter muchas voces como hacer mucho alarde de desenvolvimiento escénico. Un buen grupo debe de ser equilibrado en varios aspectos y eso es muy difícil.

Difundiendo el género rondallero

Por: José Luis Pérez “El Comanche”

Unas de las grandes ilusiones de todo rondallero y músico es que algun día una disquera nos descubra y nos genere la oportunidad de producir algún material, con la debida promoción y exhibición en los grandes medios de comunicación. Con el paso de los años esta ilusión termina perdiéndose gradualmente ante la cruel realidad.

Ninguna disquera o televisora está realmente interesada en la calidad, de ninguna manera están dispuestos a apoyar a talentos reales y prefieren crear sus propios productos apoyados por los “expertos” versados según lo que al publico le agrada. Al final, lo que tenemos es una serie de personajes fabricados en estos laboratorios ridículos que intentan cantar algunos sonsonetes acompañados de palabras repetitivas y huecas (hay sus excepciones, claro), además de una actitud poco profesional, sin nada de capacitación vocal y sin ningún ánimo de regalarle al público en cada producción algo que realmente muestre un desarrollo, una mejora en la calidad de su música.

Sin embargo la realidad nos ha cambiado. Debido a la masificación y democratización (posibilidad de más alternativas de arte y posibilidad de decidir qué ver y qué no) de las comunicaciones, gracias a la accesibilidad en Internet, hoy es más sencillo difundir nuestro arte sin necesidad de los grandes intermediarios. De hecho, todos ellos tuvieron un comienzo. La TV y la radio tuvieron como base de su triunfo la difusión del verdadero talento, ese talento que surgió espontáneo y desde el pueblo. Recordemos todos esos grandes programas que alimentaron un tiempo de calidad cultural.

Hoy en día podemos hacer grabaciones caseras de calidad con el software indicado. Hoy en día podemos compartir nuestra música en redes sociales y sitios de música libre. Es innegable el talento que notamos en cada concurso de rondallas. La mayoría de mis amigos músicos ajenos al movimiento elogian los arreglos y ejecuciones vocales e instrumentales de las rondallas actuales. Somos una gran comunidad hablando en números, en cada ciudad del país hay por lo menos unas 20 rondallas, eso implica que tenemos un gran auditorio dispuesto a escuchar nuestro trabajo.

¿Qué es lo que nos falta? Crear espacios de difusión. Muchos hacen sus discos pensando en el disco como un negocio y eso es una imposibilidad. Nunca una producción discográfica ha sido un negocio real para el artista (para las disqueras sí), son tan solo un medio de difusión. Todos queremos dar conciertos con grandes auditorios, pues entre más conozcan tu trabajo y lo hagas con mayor calidad más personas querrán recibir tu arte.

Hoy por hoy la Rondalla del Sector Educativo es una de las rondallas por las que cualquiera pagaría un boleto con tal de deleitarse con su gran calidad (y así hay muchas actualmente). Eso tiene que ver con la difusión y recomendación de todos los rondalleros.

Animémonos pues todos a producir, generemos los espacios de difusión y consumamos pues el arte que cada rondalla tiene la capacidad de regalarnos.

El retiro de un rondallero

Por: Rodolfo Bautista

Sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo,

como dice el refrán “dar tiempo al tiempo”, que de amor y dolor alivia el tiempo.

Saludos público rondallero. En primer lugar mando una felicitación a los ganadores de los Premios D’ Ronda y al mismo tiempo quiero comentarles que aproveché la euforia del concurso para tomar un breve descanso.

El extracto del poema antes mencionado es parte de un soneto del autor zamorano Renato Leduc, llamado Aquí se habla del tiempo perdido que, como dice el dicho, los santos lo lloran. Dicho soneto posteriormente se musicalizó y es también conocido como Tiempo y destiempo. Fue escrito debido a que alguien retó al poeta y periodista  a hacer un poema con la palabra tiempo, que es muy difícil de rimar, y como podrán ver, el resultado es asombroso.

Este poema me trajo una reflexión rondallera con respecto al pasar del tiempo.

Es una constante inevitable que todo tiende a nacer, a tener un desarrollo, un periodo de esplendor, una agonía y lamentablemente aquello que nació tiene que morir o transformarse. Es un fenómeno que ocurre casi en todo, en nosotros mismos como personas, en los movimientos artísticos, en las modas. La música de trío tuvo un origen, después tuvo un esplendor donde la mayoría de la gente escuchaba tríos y en la actualidad es un género consolidado, que difícilmente agonizará, pero que ya no es música de moda (sí, lo siento amigos reggaetoneros, algún día su música no será la moda y sólo tocarán el reggaetón en las estaciones de música viejita, así que disfrútenlo mientras dure).

Lo cierto es que algo tiene que estar de moda. En nuestras vidas siempre hay algo prioritario, nosotros tenemos varias etapas en la vida que son marcadas por esas prioridades, jugar, la escuela, la rondalla, el trabajo, la novia, los hijos, los nietos, en fin. Es ineludible envejecer pero la diferencia está en cómo lo hacemos. Ejemplifico todo esto ya que la rondalla como movimiento, género o estilo, tiene un déficit. Tal vez ya está pasando su etapa de esplendor. Creo que una de las tantas causas de este déficit, es porque muchos de los integrantes de rondallas la abandonan, porque tienen otras prioridades, a veces, el cambio de escuela o el paso de la vida estudiantil a la vida laboral, de domicilio, etc. Personalmente no creo que haya una edad ideal tanto para ingresar a una rondalla y mucho menos para abandonar los escenarios, pero sabemos que mientras más edad se tiene, se complica más estar en un grupo, sobre todo si se tienen gastos familiares y los fines de semana representen el poco tiempo que puedas pasar con tu familia.

Si a algún miembro activo, sobre todo de alguna rondalla de concursos con racha ganadora o alguna rondalla que tenga muchos eventos, se les preguntara cómo o cuándo han pensado en retirarse de la rondalla, podría asegurar que ni siquiera les ha pasado por la mente tal idea, porque lo que menos piensas cuando estás enrachado es que, tarde o temprano, ese período se transformará o terminará.

Muchas ocasiones, los miembros de la rondalla  abandonan su grupo sin importarles la situación en que dejan el grupo, sin ni siquiera tomarse la molestia de avisar de su retiro y esos procesos de reajuste y retroceso, tratando de llenar el espacio que deja el elemento, hacen que el grupo pierda mucho, pudiéndose evitar planeando el retiro. He visto muy pocos recitales o conciertos donde haya el adiós de un elemento o de una rondalla.

Mi sugerencia es fomentar la planeación del retiro si el retiro es inminente e inevitable.

Si algún elemento está a punto de retirarse, que lo planee, que hagan lo posible por dejar un sustituto y prepararlo, en caso de ser bajista, requintista o solista. Un argumento erróneo que he escuchado es “ésta canción es mía y sólo yo la cantaré, si yo me voy el grupo no tiene derecho a cantarla”.

Otro error que perjudica a las rondallas es abandonar el grupo totalmente, ni siquiera ir a los aniversarios como espectador. El grupo que me vio nacer como rondallero, que alguna vez dirigí y tuve que dejar, aún sigue tocando, bien o mal, y sé que es difícil no involucrarse, pero el tratar de apoyar tanto al líder como a los elementos sin hacer críticas ni comentarios sobre que los tiempos anteriores eran mejores, es algo que puede marcar un cambio. No sólo el que está en el escenario forma parte del movimiento rondallero.

Los grupos a veces no hacen nada por tener contacto con generaciones anteriores, también el jóven tiene la desventaja de querer hacerlo todo solo y menospreciar la ayuda. Muchas veces el apoyo de los ex integrantes se puede canalizar.

Los líderes a veces deben de dejar a las nuevas generaciones o estar presentes en los cambios pero al defender una idea, por más clara que ésta sea, si no se renueva difícilmente las siguientes generaciones tendrán el mismo ímpetu y el concepto se desgaste también. Como líder debes saber hasta dónde estar al frente del grupo y cuándo retirarse.

He escuchado que la Rondalla Inspiración de Orizaba se retirará de los escenarios y tiene un gran mérito planearlo. Ustedes, público rondallero cibernético, ¿han pensado como será su retiro alguna vez?

¿Y si dejaran de existir los concursos de rondallas?

Por: Rodolfo Bautista

En estos tiempos de vacaciones ociosamente cibernéticas encontré un video que llamó mi atención, subido por un loquendero que se nombra MrJusticiero2012. Por un momento se me ocurrió la idea de pedirle a Daniel Oidor y a Roberto Maceda que hiciéramos una video respuesta, pero prefiero responder por este medio. Para comenzar aquí está el video en cuestión.

Como todo, creo que el video expone partes casi irrefutables pero hay otras se pueden debatir, algunas situaciones pueden ser vistas desde varias maneras. Lo que podemos percibir es que su autor conoce muy bien el medio, casi me atrevo a asegurar que es rondallero o tiene amigos rondalleros muy cercanos.

Analicemos un poco la propuesta desde un punto de vista equilibrado.

Para mí, asistir a alguna competencia debe de estar respaldado por un trabajo previo y la asistencia al concurso es la consecuencia de varias cosas y no solo el fin para el cual debería estar hecho un grupo. Se debe comenzar por conformar el grupo, después tener algunas canciones con arreglos sencillos, independientemente del nivel individual de los integrantes, luego tener presentaciones, algunas pagadas precisamente para ir, poco a poco, solventando gastos y por último ver el concurso como parte de un proceso evolutivo, de convivencia, de prueba. No creo que sea bueno el proponerse sólo la meta de ganar como único fin porque para ser ganador hay muchos factores fuera de control.

MrJusticiero afirma que las convocatorias salen dos meses antes. Es posible, pero sabemos que las convocatorias sobre todo en los concursos nacionales, son muy similares en cuanto a los puntos referentes a afinación, arreglo vocal, etc. Así que en ese punto estoy en total desacuerdo.

También hace unos comentarios con respecto al uniforme, si se comprara o rentara un traje para un solo concurso tendría toda la razón, sin embargo sabemos que el uniforme es una inversión, porque un grupo uniformado, ya sea con un traje italiano importado o hasta con una simple camiseta, tiene cierta presencia, que se puede usar para negociar la tarifa de un evento o para atraer público a las presentaciones. Desgraciadamente, como te ven te tratan, y muchas veces, te pagan.

De los costos de viaje, hospedaje y comida… ni hablar, MrJusticiero tiene razón, pero estar en una rondalla es una actividad recreativa que haces por gusto (no por eso quiere decir que puedes hacer lo que quieras y como quieras, pues eso propicia la mediocridad). Dudo que alguien espere dedicarse profesionalmente a ser rondallero, posiblemente pueda ser una especie de iniciación musical pero creo que muy pocos pueden sostenerse económicamente de esto. Por elloo reitero que se deben de tener ciertas actividades remunerativas para que esos viajes sean menos costosos, a menos que se cuente con los recursos económicos necesarios. Por supuesto, eso es decisión de cada persona, pero es un tanto difícil que una persona sola vaya a ciertos lugares pues es mucho más costoso que ir en grupo. La mayoría de los rondalleros que asisten a otros estados a concursar tienen gratas experiencias y, como bien dice el dicho, los viajes ilustran.

Siempre han existido concursos, no con la tradición de los de Xalapa o Puebla, que si lo analizamos tuvieron su fama, por las fechas en que se realizan. Hay otros que han tratado de innovar y es bueno que ahora veamos concursos que propongan cosas nuevas a las dinámicas de los concursos (véase el post Los 10 mejores concursos de rondallas). Tal vez el monto de la premiacion a los ganadores debería de ir subiendo. El Concurso Nacional de Baja Carlifornia (CONARBAC) del año pasado, dio una muy buena bolsa, esperemos que haya más concursos de este tipo. Una grabación profesional es una buena propuesta, aunque la industria disquera actualmente está por los suelos, por varias razones, y difícilmente apostará por una rondalla que no tiene trabajados algunos aspectos mercadotécnicos de la música. Un productor busca siempre una ganancia y mientras las rondallas sigamos haciendo lo mismo, no creo que sea posible darle una difusión de tipo masivo, dado que desde su inicio la agrupación no está diseñada para ello.

Por otro lado, otro punto que creo pudiera reflexionarse es que, sinónimo de buena música no quiere decir que tenga que ser conocida masivamente. Cuando, desde la rondalla, se intenta buscar otros horizontes musicales se tienen que hacer ciertas concesiones o transformaciones y al llevarlo a la practicidad vemos resultados como rondallas transformadas en grupos músico vocales o hasta resultados musicales como Unicornio, que en su última etapa ofrecieron propuestas muy buenas, pero es algo muy polémico preguntar si su trabajo era considerado como rondalla o no.

Lo de la difusión del género y cosas similares es algo que es ajeno a la asistencia a un concurso aunque, irónicamente, es un medio difusor. Muchas personas están esperando, por medios electrónicos, saber quién ganó un concurso, la prueba está en que los posts con los resultados en D’Ronda son de los más comentados.

En el video se expone una inconformidad porque en la actualidad hay muchos concursos a nivel nacional, entonces, es bastante difícil asistir a todos y ganarlos todos y ha traído como consecuencia que algunos eventos de tradición disminuyan su asistencia. El que haya concursos tan variados con diversas fechas y sobre todo en diversos lugares, puede ser bueno. Si hacemos cuentas del número total de rondallas que asisten desde enero hasta diciembre a los concursos nacionales, éste debe ser muy similar a cuando el Concurso Nacional de Puebla se llenaba y eso da oportunidad a que para un grupo novato del norte del país le sea más accesible concursar en Monterrey que ir a Zamora o Puebla. Lo que sí, es que vivimos una especie de incertidumbre al no saber quién es realmente el campeón, pudieran haber tres rondallas que hayan ganado diversos nacionales y jamás enfrentarse en el mismo año, entonces el ganar un nacional y presumirse como campeón nacional, como lo he expuesto en artículos anteriores, es muy relativo.


Muchas de las cosas que al final expone el video, son consecuencia de que no se dan resultados ni puntuaciones, pero es inevitable, ya que en todo concurso, de toda índole, siempre habrá inconformidades. Yo en lo personal puedo afirmar que no se me dictó línea en CONACIME ni vi cosas extrañas durante mi participación como jurado. Existieron algunas diferencias con gente ajena al medio que calificaban otros aspectos musicales, pero, siempre con argumentos.

Un concurso, si es bien aprovechado, te hace crecer. Hay rondallas que sólo se dedican a eventos, lo que ocasiona un estancamiento musical, ya que es muy fácil llegar al público, y si bajas los costos fácilmente conseguirás contratos. Además, ganar un concurso otorga un plus, es decir, muchos quieren escuchar a la campeona de cierto concurso y por curiosidad o morbo, si quieren llamarlo así, la gente se acerca. La fama de muchos grupos que cita en el video se debe, en parte, a que han ganado concursos, aunque la trascendencia viene por la gran calidad musical y propuestas musicales, no creo que solamente sus fans los hayan escuchado en los concursos que fueron. Tocar una pieza musical teniendo un mínimo de errores, proponiendo musicalmente, y tratando de explotar las máximas posibilidades musicales del grupo no es nada sencillo, pero hacerlo conlleva un crecimiento musical, si es bien canalizado.

Concluyendo, mi sugerencia es que exista un equilibrio entre asistencia a concursos y eventos, tanto pagados como no (como lo he expuesto en artículos anteriores) y buscar que la participación de un concurso a otro, sea mejor para aprovecharlo, no descuidar los aspectos musicales y grupales en pos de un triunfo y sobre todo darle la importancia que tiene, que es la de sólo un concurso y nada más. Pero la mejor decisión es de ustedes, compartir un escenario en un concurso es algo que les recomiendo a las rondallas que van en crecimiento y que están en búsqueda de identidad.

Lo importante para mí es seguir haciendo música, difundir el género.

No me gané ningún centavo, pues a mí no me interesa tampoco el rating.

Les deseo Feliz Año.

¿Tu rondalla tiene Agregados Culturales? No caigas en el exceso

En el ámbito de las rondallas, a los integrantes que no ejecutan ningún instrumento se les llama comúnmente Agregados Culturales. Los Agregados Culturales han representado durante mucho tiempo una minoría, debido a que la esencia de la rondalla es que todos los integrantes toquen un instrumento.

Entonces, ¿por qué existen los Agregados Culturales en las rondallas? Principalmente, porque son personas que aportan al grupo características que otros integrantes no pudieron aportar. Puede tratarse de un versista, un excelente solista o una voz muy confiable que fortalecerá la armonía.

La pregunta obligada es, ¿añadir Agregados Culturales es bueno? Comenzaré diciendo que este es un tema que no puede etiquetarse con un Bueno/Malo, es algo mucho más complejo.

En primer lugar hay que tomar en cuenta la cantidad de Agregados que existen en el grupo. Y aquí hago mención de una claúsula que el Concurso Nacional de la Ciudad de México, CONACIME, utiliza en sus convocatorias, y es, que un mínimo de 80 % de los integrantes deben ejecutar algún instrumento musical. Dicha claúsula viene acompañada de un párrafo que aclara el motivo de este requisito, y que es el de preservar el género.

Esto significa que un grupo que cuente con 19 o 20 integrantes, que son los dos máximos permitidos en los diferentes concursos de rondallas, deberá contar con 4 Agregados Culturales, como máximo. Sin embargo, la gran mayoría de organizadores de concursos no aplican esta regla. Con ello, se propicia que muchas agrupaciones abusen en su uso, al punto de tener, a veces, la misma cantidad o menos de integrantes tocando un instrumento que los Agregados.

Pero, pasemos por alto el tema de la cantidad, ¿cómo nos damos cuenta de que los Agregados están aportando al grupo? Si en una rondalla con Agregados, los que tocan instrumentos son también solistas o versistas, el acompañamiento pierde fuerza de una forma notoria. Conforme disminuya la cantidad de instrumentos en la agrupación, la exclusión de uno solo de ellos impactará con mayor fuerza el volumen y presencia instrumental. Entonces, ¿dónde queda la aportación de los Agregados?

El fin de semana pasado, tuve la oportunidad de escuchar a una rondalla, durante el Concurso Nacional de Rondallas Puebla 2011, que contaba con 10 integrantes, de los cuales uno fue bajista, uno requintista y cuatro tocaban guitarra. De las cuatro guitarras de acompañamiento, dos solamente participaron en ciertas partes de la canción, dejando a las dos guitarras restantes solas en casi todo el tema. Eso se llama de cualquier forma, excepto rondalla. Podrá sonar muy bien e incluso tener una presentación magistral, pero no es una rondalla.

Formar parte de una agrupación no consta sólo de participar musicalmente, también existe un compromiso con el género del cual se forma parte. No abusar de la inclusión de Agregados Culturales ayudará a la conservación del género y elevará la calidad de los grupos, al aumentar las expectativas.

Como muestra, podemos observar a las rondallas más reconocidas, cuyo calidad es tal que muy pocas veces utilizan Agregados. Esto no es obra de la casualidad, es parte de un proceso de preparación y trabajo cuyo resultado es notorio y congruente.

Pero, como siempre, esto es sólo mi opinión. Los invito a compartir la suya en los comentarios.

10 errores recurrentes en la enseñanza de la guitarra

Por: Rodolfo Bautista

“A veces para definir algo, tienes que hablar o mencionar lo que no es ese algo para entenderlo mejor”. Maestro Huang Aguilar, único monje guerrero Shaolin occidental reconocido por el Templo Shaolin.

Dedicado a mi gran amigo Daniel Oidor.

Tomando la estilística del editor de la página y retomando un poco el tema anterior, hablaré de una problemática que existe y que he visto a lo largo de mi carrera como rondallero, en específico, como maestro de guitarra y encargado de instrumentación.

Originalmente, yo me tardé dos años y medio en aprender a tocar los círculos y una canción que sonara bien. Soy una persona racional y eso me llevó a diseñar un sistema para poder ir paso a paso, el cual he ido perfeccionando y (bendito sea el Eterno) aún sigo aprendiendo. Les comparto un poco mis experiencias y los errores más recurrentes que he visto, esperando sean de utilidad.

1. Empezar a enseñar tocando Corazón de Roca

Un error frecuente, que yo padecí. Recuerdo que cuando comencé con la guitarra el profesor de la secundaria solo afinó mi instrumento y después le dijo a un alumno – Enséñale el círculo de sol. Después se acercaron algunos a tocar, y él me dijo: – Sólo sígueme.

¿Ustedes saben todos los procesos cerebrales que ocurren y todas las habilidades que debemos adquirir para tocar y cantar bien?

Es por eso que antes de círculos, antes de acordes, antes de ritmos, sugiero que se hagan ejercicios previos. Después se vea por manos separadas, tanto ritmos como acordes y por último se una todo (si no tiene la habilidad de hacerlo inmediatamente). Si intentan que el alumno toque el círculo en la primera sesión, el resultado será un largo tiempo para lograrlo si el alumno es tenaz, o simplemente el alumno abandonará el aprendizaje de la guitarra y ustedes dirán, es que el nuevo no le echó las ganas suficientes.

2. Enfocarse solo a ejercicios

Esto me ocurrió en una etapa de mi vida. Comencé a hacer ejercicios, escalas, etc., y eso ayudó demasiado, tanto que rebase a todos los que en un principio tocaban mejor que yo. Fue tal el avance, que comencé a crearme una familla local, después llegó una nueva generación que quería aprender conmigo, pero como para mí el aprender solo con canciones no funcionó, los saturé con ejercicios y ejercicios, escalas, etc. Resultado: muchos se fueron al aburrirse con este método.

3. No dar libertad de opciones

Estarán de acuerdo que muchos desconocen el verdadero potencial de nuestro genero, y que incluso hay gente que nos confunde con estudiantinas. Por ello, también creo que muy pocos quierem llegar a tocar Andante Americano o Como un Día de Domingo. Muchos se acercan a la rondalla para aprender a tocar canciones populares de otros géneros, que no es del todo malo. Si podemos ayudarlo, creo que es bueno, sin descuidar lo esencial.

Después de estos tres puntos les sugiero una estructura de clase que me han traído óptimos resultados:

  • Parte técnica (arpegios, ejercicios de digitación, círculos, cejillas, etc.)
  • Repertorio (canciones del grupo)
  • Pieza libre

4. No poner metas y objetivos

Muchas veces uno llega a dar clase, sin estructura, sin nada. No se lleva un seguimiento y lo peor, el maestro llega a ver qué se le antoja enseñar ese día. Eso es lo peor. El tiempo en el que tú estás improvisando, pensando qué vas a enseñar, es eterno para el padawan. Incluso mi propuesta para los líderes es programar los ensayos. Tampoco se debe mal acostumbrar al alumno a que llegue a clase a ensayar contigo. Se debe de encaminar al alumno para que vaya adquiriendo habilidades por sí solo.

5. Aferrarse al sistema

- Si yo lo aprendí de tal modo, tu también lo aprenderás así, de este modo y no de otro. Si yo me tardé un mes, tú te tienes que tardar mes y medio. Esta y otras lamentables frases he escuchado. Recuerden que todos somos distintos. Si algo se me facilita, tal vez a otro no. Todos tenemos habilidades diferentes  y no tiene nada de malo que el alumno no sea exactamente igual al maestro.

6. Todo el tiempo tocar en clase

El alumno es alguien que quiere aprender, no solo quiere verte tocar. De vez en cuando el ejemplo sonoro y visual es más que excelente, pero no te la puedes pasar tocando y tocando, también debes darle espacio al aprendiz para poder desarrollar y para equivocarse, para eso estás.

7. Repetir toda la pieza

Aprendiz: El final de esta canción/pieza es muy difícil, maestro.

Maestro: Pues ensáyala desde el principio hasta el fin muchas veces hasta que salga.

Aprendiz (frustradro): La ensayo y la ensayo y aun así no me sale.

Maestro (desesperado y mentiroso): Oh, ya verás que cuando la toquemos y estemos inspirados te saldrá, aunque en el escenario de todos modos nadie se da cuenta, lo que vale es que toques con el corazón.

Resultado: Nunca sale, porque nunca te enfocaste realmente a sacar alumno del problema. Ver el pasaje más lento, paso a paso, es lo que le ayudará. Debes probar con varias maneras de abordarlo. La paciencia es algo que desarrollarás como maestro, es por eso que tú también, mientras enseñas, de la fuerza mucho aprenderás.

8. Enseñar lo que no se domina

Cuando decides enseñar, creo que una de las cosas que debes aprender y estar dispuesto a decir es: esto no lo sé. También puede que te equivoques, en lo que creas que dominas, acéptalo y no pasa nada. La frase Magister dixi (el maestro dice y así es) en estos tiempos cibernéticos rondalleros es inaceptable.

Además si el alumno se da cuenta de tu error y tú te aferras a él, tú quedarás como un tonto. No tienes por qué saberlo todo, nadie lo sabe todo, eres sólo un maestro, no Dios.

9. Quedarse en el pasado

He visto maestros que siguen enseñando con sistemas que se usaron hace mucho tiempo. Actualmente, el cibermundo es una herramienta más que útil y necesaria. Si ustedes quieren que el alumno lleve su libretita para que dibuje las 6 cuerdas y apunte las canciones, tienen que actualizarse. Ya hay aplicaciones, videos, cancioneros e infinidad de versiones de una misma canción. Eso ayuda a acelerar muchos procesos y poder enfocase a otros (es algo irónico que sugiera esto alguien que no tiene facebook, ni celular con cámara).

Sugerencia de enseñanza

  • Ejemplificar (el maestro toca y el alumno observa con atención cuidando los detalles, sin tocar)
  • Copiar (los dos tocan al mismo tiempo, el alumno imita)
  • Corregir (el alumno toca y el maestro pone total atención para corregir)

10. Querer volar antes de gatear (inciso especial a requintistas)

He visto a muchos requintistas que entusiasmados, al escuchar los poderosos requintos de nuestro gran representante Pablo Castillo, toman la guitarra y quieren mover los dedos esperando tocar esas piezas muy difíciles. Al no tener una metodología de estudio, los resultados son una pérdida de tiempo y hasta de frustración. Entonces comienzan a poner miles de pretextos: “es que Pablo debe ser un superdotado“, “es que Pablo debió comenzar a tocar a los dos años y seguro enstudia 26 horas al día“, “a mí me enseñaron mal desde niño“, “la rondalla en la que estoy no sirve“, “es que en México no se apoya a la cultura“, “es que la devaluación“, y un largo etcétera.

Téngase en cuenta que en efecto, Pablo ensaya mucho, pero sobre todo, ¿qué resultado esperas si, de medio tocar requintos sencillos como el de Wendoline, a veces con plumilla y una deficiente técnica de tres dedos en la mano izquierda y nula en la mano derecha; quieres pasarte a tocar Inolvidable o El Andariego (versión Voces del Recuerdo) donde le pides a tus dedos tocar con una movilidad que jamás has trabajado?

Lo recomendable es trabajar la técnica y después comenzar a tocar requintos de mediana dificultad. Después, con una mejor movilidad en los dedos, conocimientos y demás cosas, entonces ya se podrán abordar piezas de alta dificultad. Aunque les hago la pregunta de siempre, ¿por qué querer tocar imitando a alguien, si puedes tocar siendo tú mismo?

Quién soy y por qué hago esto

En primer lugar quiero disculparme con todos ustedes, lectores, por la poca actividad de los días pasados. El receso se debió a que tomé unos días de vacaciones después de algunos años de no haberlo hecho y, dado que no me encontraba en el lugar donde suelo vivir, me fue muy complicado subir nuevo contenido al sitio.

Bien, una vez explicada mi ausencia del blog, comienzo a platicar del tema que hoy quiero tratar. Sé que podría parecer muy tarde para escribir esto, sin embargo, de haberlo hecho antes, probablemente nadie lo hubiera leído o a nadie le hubiera importado. Lo hago hoy porque el descanso de los días recientes me sirvió para tomar aire y replantear el camino tomado hasta hoy.

Así que comienzo presentándome. Soy Luis Daniel Oidor Juárez, nacido en la Ciudad de Puebla. Desde adolescente sentí un cariño especial por la guitarra, instrumento que mi abuelo materno tocaba y que, cuando murió, me dejó el encargo de aprender. Así que, para dar cabal cumplimiento al mandato, aprendí a tocarla en 1995. A partir de ese momento formé parte de la Rondalla de la Escuela Secundaria Técnica No. 1 de Puebla, por supuesto. Durante un año participé en dicha agrupación, aprendiendo poco a poco de mi instrumento favorito.

Para 1996 formé, con algunos amigos del sitio en que vivía, la que se llamaría Rondalla D’Cristal, agrupación modesta dónde aprendí, sobre todo, a tocar el contrabajo y el requinto. El grupo permaneció reunido durante poco más de un año de forma constante, y el año siguiente de forma muy esporádica.

En 1999, ya estudiando la preparatoria, ingresé a la agrupación de mi escuela, la cual se llamaba Rondalla Nostalgia de Amor, que posteriormente cambiaría su nombre a Rondalla Eros de Puebla. Aunque corta, mi estancia en el grupo fue intensa al grado de llenarme de expectativas en el medio rondallero, expectativas que me llevaron a solicitar una oportunidad en una de las rondallas más importantes de Puebla y una de las más reconocidas a nivel nacional, la Rondalla Clásica de Puebla.

Desde el 2000 hasta el 2007 formé parte de esta exitosa agrupación, dónde tuve la oportunidad de introducirme de lleno al ambiente de rondallas. En ella tuve la oportunidad de ser solista, requintista y segundo bajista. Además, obtuve con ellos primeros lugares a nivel nacional en categorías B, A, Doble A y Especial, en diversos concursos.

En 2008, mis cargas de trabajo me llevaron a renunciar a mi segunda pasión, después de mi carrera. A mediados de ese mismo año, una oferta laboral me lleva a emigrar a la Ciudad de México y, debido a tantos cambios en tan poco tiempo, me veo obligado a alejarme del medio rondallero durante algunos meses.

¿Por qué hago esto?

Sin embargo, en 2009 pude presenciar el Concurso Nacional de Rondallas en la Ciudad de Puebla, el cual disfrute de forma especial debido a la falta de todo contacto con el medio. Durante aquella noche me quedé con muchas ideas y opiniones guardadas acerca de lo que había presenciado y con ganas de compartirlo. Recuerdo también que, en aquel momento, algunos de los sitios más importantes de difusión al género rondallero habían desaparecido y otros, como Rondallas de México, estaban momentáneamente sin actividad. Fue así como decidí comenzar con este blog.

Tuve tres motivos principales para ello. La primera fue que deseaba proporcionar una plataforma de información dónde los rondalleros pudieran consultar convocatorias y resultados de concursos, así como información de conciertos y encuentros de rondallas de todo el país.

El segundo motivo tiene que ver con los dos estilos principales de música de rondallas que existen en México. Por un lado, las rondallas de concursos y por otro las rondallas de conciertos. Dos estilos y dos intenciones diferentes. Quise entonces realizar un espacio donde ambos estilos fueran bienvenidos.

El tercero de ellos fue, realizar un medio de intercambio de ideas, donde cada rondallero pudiera exponer sus ideas sin censura, solamente cuidando el respeto hacia los demás.

Actualmente, a casi dos años de iniciada esta aventura contamos con cerca de 90,000 visitas únicas, más de 1,000 comentarios y diversos artículos que intentan exponer nuestro movimiento desde diferentes puntos de vista. También hemos tenido que ceder ante las nuevas forma de comunicarnos, sobre todo a través de las Redes Sociales. Por ello contamos con una cuenta de Facebook y un canal en YouTube, además de informar a través de mi cuenta personal de Twitter.

El año pasado, un buen amigo, Ángel González Olmos, me invitó a ser partícipe del regreso a los escenarios de la reconocida Rondalla Bruma Musical, agrupación con la que actualmente colaboro y de la que formo parte. De ahí surge también la incorporación como colaborador de este sitio de otro gran amigo, Rodolfo Bautista, quien funge actualmente como Director Musical de nuestro grupo. En este 2011, también he tenido la oportunidad de participar en el proyecto denominado Rondalla Nacional, en las dos presentaciones que esta especial agrupación ha tenido en el año.

Ha sido un largo camino recorrido hasta aquí, pero estoy convencido de que aún falta más. Deseo conformar un sitio que se consolide con el tiempo, un sitio en el que la información sea confiable. Sé muy bien que en la actualidad el tiempo de respuesta cuenta y cuenta mucho. Por ello realizamos un esfuerzo por tener las noticias que el medio rondallero necesita en tiempo y forma, lo cual, creo, hemos logrado ya que en diversas ocasiones hemos publicado resultados de concursos incluso antes que los mismos organizadores.

Nuestro compromiso con el medio nos lleva a ofrecer este espacio para difusión del trabajo de los diferentes grupos que conforman nuestro movimiento. Cuenten con él siempre que lo deseen para difundir eventos, convocatorias, noticias y cualquier información que deba ser compartida con el gremio.

Sirva este artículo como la explicación necesaria de la poca actividad reciente y como ratificación de este compromiso que deseamos cumplir. Nos leemos pronto.

Made in Rondalla

Por: Rodolfo Bautista

Dedicado a mi gran maestro rondallero del cual sigo aprendiendo: Ángel González Olmos.

Durante mi carrera musical, he tenido la fortuna de presentarme en diversos foros culturales dando recitales como acordeonista, teniendo del público respuestas muy variadas, desde gente que sale decepcionada porque esperaba escuchar una especie de recital de música norteña, hasta publico realmente intrigado por escuchar música no tan común, con un instrumento que generalmente se utiliza en géneros muy menospreciados.

Al terminar dichos recitales, muchos acercan a preguntarme si es difícil tocar el acordeón, si es caro el instrumento, cuántas horas estudio le dedico, dónde estudio, etc. Pero una pregunta muy recurrente es, ¿maestro, desde cuando usted empezó en la música? Y mi respuesta es, desde los 15 años, cuando comencé a tocar en la rondalla de la secundaria y luego en la rondalla de la iglesia. En sí, yo aún me considero rondallero.

Lo triste, es ver la reacción ocasional de algunas personas ante tal respuesta.

- Bueno maestro, sí, pero… ¿Cuando empezó a hacer o estudiar música ya en serio? Porque esos grupos que se ponen capas y tocan pandero no es música. Hacer música bien, solo se hace estudiando en escuelas o por lo menos tocando en grupos de rock o versátiles, o ya de perdida un trío o un mariachi, porque las rondallas no pasan de sus círculos y baladitas.

Está claro que gente así, no tiene idea del medio, y al mostrarle exponentes del género, campeones de concursos o propositivos, ven con asombro que la música de rondalla no se remite solamente a un estilo sencillo que la gente menosprecia. También les digo que sigo siendo rondallero, ya no de tiempo completo, aunque por otro lado creo que las rondallas un poco tenemos la culpa de esta percepcion de algunas personas y esto me lleva a unas preguntas:

  1. ¿Sabemos los rondalleros los posibles alcances de grupo?
  2. ¿La rondalla puede ser una propuesta seria de iniciación musical?
  3. ¿Las rondallas tienen un sistema de enseñanza metodológico donde puedan ofrecer al interesado adquirir ciertas habilidades en determinado tiempo?

En estos tiempos cibernéticos donde tenemos que competir con academias de música, el ciberespacio, el abaratamiento de instrumentos eléctricos, clases en casas de cultura muy accesibles (incluso gratis), etc. El no darnos cuenta de esta situación es, también, parte del declive del medio rondallero. Conozco mucha gente que piensa que los nuevos integrantes están obligados (casi) a rogarles para que entren al grupo. Aún me tocó ver ciertos grupos que pedían una especie de iniciación, donde el nuevo tenía que pasar por ciertas pruebas. Si alguien quiere estar en un grupo por aprender música, y es tratado de esta manera ahora tiene muchas opciones, creo que tienen que dejar esas prácticas retrógradas. No encuentro un valor significativo en hacer un noviciado, esos tiempos donde había grupos de treinta o cuarenta integrantes ha pasado a mejor vida y ahora los grupos tienen que darse cuenta de varias deficiencias para poder mejorarlas.

Así que enumerare algunas de Las ventajas de ser rondallero.

El precio de una guitarra mediana acústica, de calidad media-baja no supera los $ 1,000.00, lo que una guitarra eléctrica con un buen amplificador sí. Los mismo un piano, un teclado decente, una flauta transversa, un violín o (para mi desgracia) un acordeón. De modo que, para un padre es más fácil que hacer una inversión en una guitarra de mediana calidad. Sin embargo, recordemos que si el grupo no es atrayente o no tiene un sistema de enseñanza lo más probable es que el joven prefiera ir a ver un tutorial en youtube que estar en un grupo en el que no sienta avance.

El cantar afinadamente y tocar bien no es una cosa sencilla. Necesitas oír, desarrollar tu oído interno. El pertenecer a un grupo que canta a distintas voces es aún más difícil, pues propicia un desarrollo y te genera retos si van renovando el repertotorio.

Si el grupo tiene presentaciones, ya sea eventuales o semanales, en misa, etc., ese enfrentamiento al público es muy bueno, a diferencia de algunos músicos de academia que sólo tocan en fin de año (a veces ni eso). Aunque no es lo mismo tocar en grupo en un evento donde eres amenizador, a enfrentarte a un público que te pondrá su total atención.

Un libro o un video puede ayudarte, pero no puede decirte si estás haciendo las cosas correctamente, y sobre todo, alguna estrategia para mejorar ciertos aspectos. Cada persona tiene problemáticas diferentes y lo que ayuda a uno puede que no ayude del todo a otro. Por ello es preferible estar en un grupo que tratar de aprender viendo tutoriales, siempre y cuando el grupo sea bueno, tenga una parte técnica o un sistema interno de enseñanza (si no lo tienen nunca es tarde para comenzar) y haya disposición de todos en ayudar y mejorar.

En el caso de un concurso, el hecho de plantearse el reto de estar en un escenario demostrando un trabajo de alta calidad en equipo es excelente como medio de desarrollo musical. También la sociabilidad y el ambiente de amistad, la toleracia y la sinergia que se da en los concursos es muy bueno.

En general la rondalla sí es un buen grupo. Si tiene un buen método de enseñanza y no hacen demasiado énfasis en actividades extra musicales, puede ser un excelente medio de iniciación musical y lo ideal sería, después asistir a una escuela a perfeccionar algunas cosas. Un gran error de los que estudian es pretender llegar a una escuela, aprendiendo símbolos y tratando de racionalizar algo que debiera ser teóricamente predominado por el sentimiento y la expresión más que por la razón y el método.

Yo en lo personal mandaría a muchos de los que están estudiando música a un buen grupo para que inicien musicalmente. El problema es, si el grupo pudiera ofrecerle algo al joven o se le dirá que solo basta con cantar con sentimiento y quien quiera estar ahí bienvenido y quien no, que se vaya a otro grupo.

Continuaremos profundizando en este tema en otro artículo, pero eso será otro día.

¿Tocas para el público o para ti?

Por: Rodolfo Bautista

Dedicado a mi madre, que soporta todas mis divagaciones

Hola público rondallero,

En primer lugar, agradezco a todos los que asistieron al pasado Concurso Nacional de la Ciudad de México, CONACIME 2011, evento en el que tuve la experiencia de ser jurado.

Dentro de mi camino en el arte de la música, he tenido la fortuna de tocar con músicos de diversa índole, desde el aficionado que solo toca los fines de semana, el que solo está en la música para conseguir mujeres, alcohol y dinero fácil, hasta gente que verdaderamente ve en la música manifestaciones de tal profundidad o mística, que tiene la esperanza puesta en que la música podrá cambiar el mundo.

Existe un fenómeno donde muchos se estancan, argumentando, es que yo toco lo que le gusta a la gente (que no es lo mismo a deberse a sus seguidores), y con esa excusa ya no evolucionan, no buscan canciones diferentes y se quedan estacionados tocando lo mismo y del mismo modo.

Cuando tocaba en grupos músico vocales eso se denominaba vulgarmente ser músico de talón. El propósito de estas agrupaciones es saberse el mayor número de canciones posibles. Y es que, aunque puede haber una petición de una canción que difícilmente te sabrás, siempre hay cierta recurrencia en las piezas que solicita el público - si no, díganme, ¿cuántas veces les han solicitado interpretar Gema o Wendoline? Al estar conviviendo un poco con estos maestros, analizando su situación, noté un poco de frustración de su parte, pues hay cierta amargura al no haber conseguido lo que ellos esperaban de jóvenes, una evocación muy recurrente, donde aquellos ayeres de su juventud eran mejores que estos días.

Podríamos hacer una analogía con la vida dura de ciertas mujeres, cuando de niña tenían que hacer lo que dijeran los padres, después complacer al novio o al prospecto de esposo, luego deberse en su totalidad al esposo y después a los hijos. Entonces llega una etapa donde éstas mujeres se preguntan, ¿cuándo tendré tiempo para mí?, y ven con resignación que la vida se les fue dándole gusto a todos los demás, menos a ellas.

Recuerdo una escena que en lo personal me agrado de la película John y Paul, donde Paul McCartney visita a John Lennon, después de un tiempo de separados. Recién Paul había grabado algunos temas de carácter infantil – ¿recuerdan el tema de canal 5 de las ranitas? John se burla de él, diciéndole que su música es muy obvia, muy sencilla – imagínense esto, después de haber hecho una música tan experimental y vanguardista, que muchos consideran un parteaguas en la música al propiciar la fusión de géneros. Paul le contestó, que la música había sido un éxito, que a los niños les gustaba y que a la gente le agradaba. John le dijo, ¿y dónde queda lo que hicimos? ¿Dónde quedan las ideas y los sentimientos del artista? ¿Dónde quedas tú, lo que deseas decir y expresar en todo esto?

Las preguntas a ustedes, rondalleros cibernéticos, podrían ser, ¿A qué suena tu rondalla? ¿A Unicornio? ¿A Desierto de Sonora? ¿A la Rondalla Tapatía? ¿A Volcanes? ¿A una mezcla entre la Rondalla de Saltillo, Los Paladines y los Dandys? ¿Cuántas de las canciones que interpretas tiene algo realmente tuyo? ¿Qué te aportó la canción y que le aportaste tú a ella?

Mi consejo es llevar un equilibrio, tocar un poco a la gente y un poco darte un gusto, ser tolerante si estás en un grupo. No puedes solo tocar lo que a ti te gusta, pues en una agrupación para tener un éxito primero debe existir una igualdad de criterios y objetivos. Si solo buscan aceptación, aplausos o dinero y trabajan correctamente para ello lo tendrán, pero estén conscientes que de eso no pasarán, el tiempo transcurrirá y los gustos cambiarán. Solo recuerda que a aquellos que buscan solo estar en el gusto de la gente, emulando el trabajo de otros, tienden a quedarse en el olvido.

Si eres de los que tiene una fuerte necesidad de expresar algo a su manera, te recuerdo que el tiempo en esta etapa cibernética pasa muy rápido, pero vale la pena, pues he conocido músicos consagrados que hablan de lo difícil que ha sido estar en el lugar donde han llegado, pero la satisfacción propia de decir lo logré es enorme. Pocos lo logran.