Existen en la actualidad diferentes posturas con respecto al arte. De manera personal, pienso que muchas de estas definiciones surgen de la desviación del mismo y sólo con el propósito de justificar las aberraciones o resultados bizarros en obras de pseudo artistas. El arte, desde el principio, ha tenido una definición clara. Me apego a la que enseña que el arte es comunicar un mensaje eficazmente a través de una obra, luego entonces el arte lleva un mensaje y entre más claro y definido más eficaz.
De la misma manera concuerdo con la idea de que la música es un lenguaje universal que expresa en cada pieza sentimientos y emociones cuando es instrumental y un mensaje específico cuando tiene letra. Nos coloca en un escenario cuando es sólo instrumental o nos cuenta una historia en poesía musical.
En cada concurso nacional de rondallas, notamos el esfuerzo de cada participante con el ánimo de presentar un buen trabajo, pero en la mayoría de las ocasionas no observamos un compromiso real por presentar una obra de arte. La mayoría de los que participamos le dedicamos tiempo a la afinación, a la ejecución instrumental perfecta y hábil, a la ostentosidad o virtuosismo en los arreglos y técnicas vocales y prestamos poca atención a la obra en su conjunto. No consideramos si el trabajo de armonización va de acuerdo al carácter que pide la letra de la obra o no tomamos en cuenta si el cambio de ritmo o género, de balada a swing, o de bolero a cumbia o rumba, en realidad contrasta con las ideas expresadas en la historia relatada.
Creo que ésta es la principal razón por la que hay rondallas que suenan muy bien musicalmente, pero de ninguna manera comunican de forma eficaz. En ocasiones, muchas de éstas son premiadas por solo sonar y ejecutar virtuosamente un arreglo. Honestamente pienso (y lo he comentado) muchas de éstas obras son como para sonarlas en un elevador o como música de ambiente en algún centro comercial (jejeje).
También creo que esta es la razón por la que muchos añoran las formas y estilos antiguos, la simplicidad de arreglos de las épocas iniciales de las rondallas que, ante todo, privilegiaban la comunicación eficaz del romanticismo. No creo que una regresión a la simplicidad sea la solución, pienso que, como he comentado con algunos amigos, debemos también cambiar las formas de evaluar. Debe, sobre todo, considerarse el resultado final y para ello debemos definir qué queremos en una obra ejecutada por rondallas. ¿Malabarismo artístico? ¿O… arte?
Creo, simplemente, que debemos hacer arte rondallero, obras que más que apantallarnos, verdaderamente nos arranquen suspiros o lágrimas, que nos transporten a momentos en la vida, obras que utilicen todos los bellos recursos que la música tiene con el fin de comunicar eficazmente un mensaje de amor, de dolor, de celebración a la vida o de reflexión.
Estas fechas han sido un tanto raras para mí, debido a que he vuelto a mis orígenes musicales mediante una participación como acordeonista en la Estudiantina de la Preparatoria No. 3 y algunos amigos/alumnos de acordeón me han invitado a participar con su grupo (una estudiantina). Así que se diría que estoy siendo seducido por el lado oscuro.
Conviviendo un poco con ellos percibí que en la estudiantina se viven algunas situaciones similares a las nuestras, sobre todo en el concurso. La polémica son dos puntos:
1. ¿Qué tan determinante es el desenvolvimiento escénico?
2. ¿Cuántas voces son necesarias y cuánto ya es excesivo?
El primer punto es demasiado subjetivo, considero yo que el sonreír, el moverse (si la pieza lo requiere) refleja un dominio de la pieza, que la pieza está diciendo algo al intérprete y el intérprete está expresando tales emociones corporalmente. Aunque, conviviendo con artistas de teatro, me comentan que no se explican cómo los músicos pueden moverse tan poquito o casi nada en el escenario. Yo en lo personal creo que los músicos no lo necesitamos para llegar a expresarnos, pues la música no es dependiente del movimiento corporal, pero ayuda mucho en cuestiones de expresión musical. Mi sugerencia es tener un justo medio, es decir, ni hacer un show coreográfico circense ni tampoco quedarse estático sin dar un mínimo de muestra expresiva.
También un punto a tener en cuenta es el ritmo y el género/estilo en que interpretarás la canción. Una canción melancólica o dramática, no creo conveniente que se le ponga baile o se tenga que sonreír.
Lo segundo, ¿cuántas voces?
Si pudiéramos traer a un músico arreglista o compositor europeo de la Edad Media dedicado a la música sacra y escuchara o viera esta pregunta simplemente no la concebiría, ya que en esa época un músico que se respetara mínimo tenía que componer a cinco o seis voces polifónicas, es decir, no armónicas (tomando en cuenta que en esa época no se usaban los acordes de séptima, novena, etc.), sin modulaciones (toda la pieza en la misma tonalidad). Les dejo una muestra tanto del video como de la partitura de un motete a 40 voces de Thomas Tallis.
Estoy consciente de que los tiempos cambian y que este tipo de obras están hechas tanto para un público distinto como para un fin ajeno al popular. Pero si lo comparamos con lo nuestro, tres voces o cuatro es nada.
Ahora entiendo a los maestros que me decían que hay preguntas que no tienen respuesta, y este es el caso, ya que en ambos puntos dudo que se llegue a un acuerdo de cuántas voces son necesarias o cuánto es debido expresar escénicamente, porque de hacerlo, simplemente se perdería la originalidad al restringir tanto el uso de voces como el desenvolvimiento escénico. Esta polémica es buena, ya que de volvernos tan cuadrados y específicos, tanto la gente en el medio que no sepa de términos musicales como el público melómano, no podrían emitir un juicio y los concursos se volverían monótonos al haber un solo estilo, tal vez una sola voz.
Para llegar a un acuerdo de este tipo, tal vez se tendría que concursar con la misma canción, mismo número de integrantes, de la misma edad, tocando en el mismo tono, con los mismos arreglos… en fin, sería algo más que aburrido. En la realidad, recordemos que el concurso es apreciativo porque la música es arte y aunque es una competencia, no se trata de ver quién canta más alto, más rápido o más fuerte.
Creo que esta polémica sólo podría aplicarse en el concurso, en un evento o convivencia, donde la mayoría del público tenga como referencia a la Rondalla de Saltillo y cuando van a escuchar rondallas esperan que el grupo salga con capas, tocando Mitad tú, mitad yo, con laudes y tricordios. Considero excesivo tanto meter muchas voces como hacer mucho alarde de desenvolvimiento escénico. Un buen grupo debe de ser equilibrado en varios aspectos y eso es muy difícil.
Unas de las grandes ilusiones de todo rondallero y músico es que algun día una disquera nos descubra y nos genere la oportunidad de producir algún material, con la debida promoción y exhibición en los grandes medios de comunicación. Con el paso de los años esta ilusión termina perdiéndose gradualmente ante la cruel realidad.
Ninguna disquera o televisora está realmente interesada en la calidad, de ninguna manera están dispuestos a apoyar a talentos reales y prefieren crear sus propios productos apoyados por los “expertos” versados según lo que al publico le agrada. Al final, lo que tenemos es una serie de personajes fabricados en estos laboratorios ridículos que intentan cantar algunos sonsonetes acompañados de palabras repetitivas y huecas (hay sus excepciones, claro), además de una actitud poco profesional, sin nada de capacitación vocal y sin ningún ánimo de regalarle al público en cada producción algo que realmente muestre un desarrollo, una mejora en la calidad de su música.
Sin embargo la realidad nos ha cambiado. Debido a la masificación y democratización (posibilidad de más alternativas de arte y posibilidad de decidir qué ver y qué no) de las comunicaciones, gracias a la accesibilidad en Internet, hoy es más sencillo difundir nuestro arte sin necesidad de los grandes intermediarios. De hecho, todos ellos tuvieron un comienzo. La TV y la radio tuvieron como base de su triunfo la difusión del verdadero talento, ese talento que surgió espontáneo y desde el pueblo. Recordemos todos esos grandes programas que alimentaron un tiempo de calidad cultural.
Hoy en día podemos hacer grabaciones caseras de calidad con el software indicado. Hoy en día podemos compartir nuestra música en redes sociales y sitios de música libre. Es innegable el talento que notamos en cada concurso de rondallas. La mayoría de mis amigos músicos ajenos al movimiento elogian los arreglos y ejecuciones vocales e instrumentales de las rondallas actuales. Somos una gran comunidad hablando en números, en cada ciudad del país hay por lo menos unas 20 rondallas, eso implica que tenemos un gran auditorio dispuesto a escuchar nuestro trabajo.
¿Qué es lo que nos falta? Crear espacios de difusión. Muchos hacen sus discos pensando en el disco como un negocio y eso es una imposibilidad. Nunca una producción discográfica ha sido un negocio real para el artista (para las disqueras sí), son tan solo un medio de difusión. Todos queremos dar conciertos con grandes auditorios, pues entre más conozcan tu trabajo y lo hagas con mayor calidad más personas querrán recibir tu arte.
Hoy por hoy la Rondalla del Sector Educativo es una de las rondallas por las que cualquiera pagaría un boleto con tal de deleitarse con su gran calidad (y así hay muchas actualmente). Eso tiene que ver con la difusión y recomendación de todos los rondalleros.
Animémonos pues todos a producir, generemos los espacios de difusión y consumamos pues el arte que cada rondalla tiene la capacidad de regalarnos.
Sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo,
como dice el refrán “dar tiempo al tiempo”, que de amor y dolor alivia el tiempo.
Saludos público rondallero. En primer lugar mando una felicitación a los ganadores de los Premios D’ Ronda y al mismo tiempo quiero comentarles que aproveché la euforia del concurso para tomar un breve descanso.
El extracto del poema antes mencionado es parte de un soneto del autor zamorano Renato Leduc, llamado Aquí se habla del tiempo perdido que, como dice el dicho, los santos lo lloran. Dicho soneto posteriormente se musicalizó y es también conocido como Tiempo y destiempo. Fue escrito debido a que alguien retó al poeta y periodista a hacer un poema con la palabra tiempo, que es muy difícil de rimar, y como podrán ver, el resultado es asombroso.
Este poema me trajo una reflexión rondallera con respecto al pasar del tiempo.
Es una constante inevitable que todo tiende a nacer, a tener un desarrollo, un periodo de esplendor, una agonía y lamentablemente aquello que nació tiene que morir o transformarse. Es un fenómeno que ocurre casi en todo, en nosotros mismos como personas, en los movimientos artísticos, en las modas. La música de trío tuvo un origen, después tuvo un esplendor donde la mayoría de la gente escuchaba tríos y en la actualidad es un género consolidado, que difícilmente agonizará, pero que ya no es música de moda (sí, lo siento amigos reggaetoneros, algún día su música no será la moda y sólo tocarán el reggaetón en las estaciones de música viejita, así que disfrútenlo mientras dure).
Lo cierto es que algo tiene que estar de moda. En nuestras vidas siempre hay algo prioritario, nosotros tenemos varias etapas en la vida que son marcadas por esas prioridades, jugar, la escuela, la rondalla, el trabajo, la novia, los hijos, los nietos, en fin. Es ineludible envejecer pero la diferencia está en cómo lo hacemos. Ejemplifico todo esto ya que la rondalla como movimiento, género o estilo, tiene un déficit. Tal vez ya está pasando su etapa de esplendor. Creo que una de las tantas causas de este déficit, es porque muchos de los integrantes de rondallas la abandonan, porque tienen otras prioridades, a veces, el cambio de escuela o el paso de la vida estudiantil a la vida laboral, de domicilio, etc. Personalmente no creo que haya una edad ideal tanto para ingresar a una rondalla y mucho menos para abandonar los escenarios, pero sabemos que mientras más edad se tiene, se complica más estar en un grupo, sobre todo si se tienen gastos familiares y los fines de semana representen el poco tiempo que puedas pasar con tu familia.
Si a algún miembro activo, sobre todo de alguna rondalla de concursos con racha ganadora o alguna rondalla que tenga muchos eventos, se les preguntara cómo o cuándo han pensado en retirarse de la rondalla, podría asegurar que ni siquiera les ha pasado por la mente tal idea, porque lo que menos piensas cuando estás enrachado es que, tarde o temprano, ese período se transformará o terminará.
Muchas ocasiones, los miembros de la rondalla abandonan su grupo sin importarles la situación en que dejan el grupo, sin ni siquiera tomarse la molestia de avisar de su retiro y esos procesos de reajuste y retroceso, tratando de llenar el espacio que deja el elemento, hacen que el grupo pierda mucho, pudiéndose evitar planeando el retiro. He visto muy pocos recitales o conciertos donde haya el adiós de un elemento o de una rondalla.
Mi sugerencia es fomentar la planeación del retiro si el retiro es inminente e inevitable.
Si algún elemento está a punto de retirarse, que lo planee, que hagan lo posible por dejar un sustituto y prepararlo, en caso de ser bajista, requintista o solista. Un argumento erróneo que he escuchado es “ésta canción es mía y sólo yo la cantaré, si yo me voy el grupo no tiene derecho a cantarla”.
Otro error que perjudica a las rondallas es abandonar el grupo totalmente, ni siquiera ir a los aniversarios como espectador. El grupo que me vio nacer como rondallero, que alguna vez dirigí y tuve que dejar, aún sigue tocando, bien o mal, y sé que es difícil no involucrarse, pero el tratar de apoyar tanto al líder como a los elementos sin hacer críticas ni comentarios sobre que los tiempos anteriores eran mejores, es algo que puede marcar un cambio. No sólo el que está en el escenario forma parte del movimiento rondallero.
Los grupos a veces no hacen nada por tener contacto con generaciones anteriores, también el jóven tiene la desventaja de querer hacerlo todo solo y menospreciar la ayuda. Muchas veces el apoyo de los ex integrantes se puede canalizar.
Los líderes a veces deben de dejar a las nuevas generaciones o estar presentes en los cambios pero al defender una idea, por más clara que ésta sea, si no se renueva difícilmente las siguientes generaciones tendrán el mismo ímpetu y el concepto se desgaste también. Como líder debes saber hasta dónde estar al frente del grupo y cuándo retirarse.
He escuchado que la Rondalla Inspiración de Orizaba se retirará de los escenarios y tiene un gran mérito planearlo. Ustedes, público rondallero cibernético, ¿han pensado como será su retiro alguna vez?
En estos tiempos de vacaciones ociosamente cibernéticas encontré un video que llamó mi atención, subido por un loquendero que se nombra MrJusticiero2012. Por un momento se me ocurrió la idea de pedirle a Daniel Oidor y a Roberto Maceda que hiciéramos una video respuesta, pero prefiero responder por este medio. Para comenzar aquí está el video en cuestión.
Como todo, creo que el video expone partes casi irrefutables pero hay otras se pueden debatir, algunas situaciones pueden ser vistas desde varias maneras. Lo que podemos percibir es que su autor conoce muy bien el medio, casi me atrevo a asegurar que es rondallero o tiene amigos rondalleros muy cercanos.
Analicemos un poco la propuesta desde un punto de vista equilibrado.
Para mí, asistir a alguna competencia debe de estar respaldado por un trabajo previo y la asistencia al concurso es la consecuencia de varias cosas y no solo el fin para el cual debería estar hecho un grupo. Se debe comenzar por conformar el grupo, después tener algunas canciones con arreglos sencillos, independientemente del nivel individual de los integrantes, luego tener presentaciones, algunas pagadas precisamente para ir, poco a poco, solventando gastos y por último ver el concurso como parte de un proceso evolutivo, de convivencia, de prueba. No creo que sea bueno el proponerse sólo la meta de ganar como único fin porque para ser ganador hay muchos factores fuera de control.
MrJusticiero afirma que las convocatorias salen dos meses antes. Es posible, pero sabemos que las convocatorias sobre todo en los concursos nacionales, son muy similares en cuanto a los puntos referentes a afinación, arreglo vocal, etc. Así que en ese punto estoy en total desacuerdo.
También hace unos comentarios con respecto al uniforme, si se comprara o rentara un traje para un solo concurso tendría toda la razón, sin embargo sabemos que el uniforme es una inversión, porque un grupo uniformado, ya sea con un traje italiano importado o hasta con una simple camiseta, tiene cierta presencia, que se puede usar para negociar la tarifa de un evento o para atraer público a las presentaciones. Desgraciadamente, como te ven te tratan, y muchas veces, te pagan.
De los costos de viaje, hospedaje y comida… ni hablar, MrJusticiero tiene razón, pero estar en una rondalla es una actividad recreativa que haces por gusto (no por eso quiere decir que puedes hacer lo que quieras y como quieras, pues eso propicia la mediocridad). Dudo que alguien espere dedicarse profesionalmente a ser rondallero, posiblemente pueda ser una especie de iniciación musical pero creo que muy pocos pueden sostenerse económicamente de esto. Por elloo reitero que se deben de tener ciertas actividades remunerativas para que esos viajes sean menos costosos, a menos que se cuente con los recursos económicos necesarios. Por supuesto, eso es decisión de cada persona, pero es un tanto difícil que una persona sola vaya a ciertos lugares pues es mucho más costoso que ir en grupo. La mayoría de los rondalleros que asisten a otros estados a concursar tienen gratas experiencias y, como bien dice el dicho, los viajes ilustran.
Siempre han existido concursos, no con la tradición de los de Xalapa o Puebla, que si lo analizamos tuvieron su fama, por las fechas en que se realizan. Hay otros que han tratado de innovar y es bueno que ahora veamos concursos que propongan cosas nuevas a las dinámicas de los concursos (véase el post Los 10 mejores concursos de rondallas). Tal vez el monto de la premiacion a los ganadores debería de ir subiendo. El Concurso Nacional de Baja Carlifornia (CONARBAC) del año pasado, dio una muy buena bolsa, esperemos que haya más concursos de este tipo. Una grabación profesional es una buena propuesta, aunque la industria disquera actualmente está por los suelos, por varias razones, y difícilmente apostará por una rondalla que no tiene trabajados algunos aspectos mercadotécnicos de la música. Un productor busca siempre una ganancia y mientras las rondallas sigamos haciendo lo mismo, no creo que sea posible darle una difusión de tipo masivo, dado que desde su inicio la agrupación no está diseñada para ello.
Por otro lado, otro punto que creo pudiera reflexionarse es que, sinónimo de buena música no quiere decir que tenga que ser conocida masivamente. Cuando, desde la rondalla, se intenta buscar otros horizontes musicales se tienen que hacer ciertas concesiones o transformaciones y al llevarlo a la practicidad vemos resultados como rondallas transformadas en grupos músico vocales o hasta resultados musicales como Unicornio, que en su última etapa ofrecieron propuestas muy buenas, pero es algo muy polémico preguntar si su trabajo era considerado como rondalla o no.
Lo de la difusión del género y cosas similares es algo que es ajeno a la asistencia a un concurso aunque, irónicamente, es un medio difusor. Muchas personas están esperando, por medios electrónicos, saber quién ganó un concurso, la prueba está en que los posts con los resultados en D’Ronda son de los más comentados.
En el video se expone una inconformidad porque en la actualidad hay muchos concursos a nivel nacional, entonces, es bastante difícil asistir a todos y ganarlos todos y ha traído como consecuencia que algunos eventos de tradición disminuyan su asistencia. El que haya concursos tan variados con diversas fechas y sobre todo en diversos lugares, puede ser bueno. Si hacemos cuentas del número total de rondallas que asisten desde enero hasta diciembre a los concursos nacionales, éste debe ser muy similar a cuando el Concurso Nacional de Puebla se llenaba y eso da oportunidad a que para un grupo novato del norte del país le sea más accesible concursar en Monterrey que ir a Zamora o Puebla. Lo que sí, es que vivimos una especie de incertidumbre al no saber quién es realmente el campeón, pudieran haber tres rondallas que hayan ganado diversos nacionales y jamás enfrentarse en el mismo año, entonces el ganar un nacional y presumirse como campeón nacional, como lo he expuesto en artículos anteriores, es muy relativo.
Muchas de las cosas que al final expone el video, son consecuencia de que no se dan resultados ni puntuaciones, pero es inevitable, ya que en todo concurso, de toda índole, siempre habrá inconformidades. Yo en lo personal puedo afirmar que no se me dictó línea en CONACIME ni vi cosas extrañas durante mi participación como jurado. Existieron algunas diferencias con gente ajena al medio que calificaban otros aspectos musicales, pero, siempre con argumentos.
Un concurso, si es bien aprovechado, te hace crecer. Hay rondallas que sólo se dedican a eventos, lo que ocasiona un estancamiento musical, ya que es muy fácil llegar al público, y si bajas los costos fácilmente conseguirás contratos. Además, ganar un concurso otorga un plus, es decir, muchos quieren escuchar a la campeona de cierto concurso y por curiosidad o morbo, si quieren llamarlo así, la gente se acerca. La fama de muchos grupos que cita en el video se debe, en parte, a que han ganado concursos, aunque la trascendencia viene por la gran calidad musical y propuestas musicales, no creo que solamente sus fans los hayan escuchado en los concursos que fueron. Tocar una pieza musical teniendo un mínimo de errores, proponiendo musicalmente, y tratando de explotar las máximas posibilidades musicales del grupo no es nada sencillo, pero hacerlo conlleva un crecimiento musical, si es bien canalizado.
Concluyendo, mi sugerencia es que exista un equilibrio entre asistencia a concursos y eventos, tanto pagados como no (como lo he expuesto en artículos anteriores) y buscar que la participación de un concurso a otro, sea mejor para aprovecharlo, no descuidar los aspectos musicales y grupales en pos de un triunfo y sobre todo darle la importancia que tiene, que es la de sólo un concurso y nada más. Pero la mejor decisión es de ustedes, compartir un escenario en un concurso es algo que les recomiendo a las rondallas que van en crecimiento y que están en búsqueda de identidad.
Lo importante para mí es seguir haciendo música, difundir el género.
No me gané ningún centavo, pues a mí no me interesa tampoco el rating.
En el ámbito de las rondallas, a los integrantes que no ejecutan ningún instrumento se les llama comúnmente Agregados Culturales. Los Agregados Culturales han representado durante mucho tiempo una minoría, debido a que la esencia de la rondalla es que todos los integrantes toquen un instrumento.
Entonces, ¿por qué existen los Agregados Culturales en las rondallas? Principalmente, porque son personas que aportan al grupo características que otros integrantes no pudieron aportar. Puede tratarse de un versista, un excelente solista o una voz muy confiable que fortalecerá la armonía.
La pregunta obligada es, ¿añadir Agregados Culturales es bueno? Comenzaré diciendo que este es un tema que no puede etiquetarse con un Bueno/Malo, es algo mucho más complejo.
En primer lugar hay que tomar en cuenta la cantidad de Agregados que existen en el grupo. Y aquí hago mención de una claúsula que el Concurso Nacional de la Ciudad de México, CONACIME, utiliza en sus convocatorias, y es, que un mínimo de 80 % de los integrantes deben ejecutar algún instrumento musical. Dicha claúsula viene acompañada de un párrafo que aclara el motivo de este requisito, y que es el de preservar el género.
Esto significa que un grupo que cuente con 19 o 20 integrantes, que son los dos máximos permitidos en los diferentes concursos de rondallas, deberá contar con 4 Agregados Culturales, como máximo. Sin embargo, la gran mayoría de organizadores de concursos no aplican esta regla. Con ello, se propicia que muchas agrupaciones abusen en su uso, al punto de tener, a veces, la misma cantidad o menos de integrantes tocando un instrumento que los Agregados.
Pero, pasemos por alto el tema de la cantidad, ¿cómo nos damos cuenta de que los Agregados están aportando al grupo? Si en una rondalla con Agregados, los que tocan instrumentos son también solistas o versistas, el acompañamiento pierde fuerza de una forma notoria. Conforme disminuya la cantidad de instrumentos en la agrupación, la exclusión de uno solo de ellos impactará con mayor fuerza el volumen y presencia instrumental. Entonces, ¿dónde queda la aportación de los Agregados?
El fin de semana pasado, tuve la oportunidad de escuchar a una rondalla, durante el Concurso Nacional de Rondallas Puebla 2011, que contaba con 10 integrantes, de los cuales uno fue bajista, uno requintista y cuatro tocaban guitarra. De las cuatro guitarras de acompañamiento, dos solamente participaron en ciertas partes de la canción, dejando a las dos guitarras restantes solas en casi todo el tema. Eso se llama de cualquier forma, excepto rondalla. Podrá sonar muy bien e incluso tener una presentación magistral, pero no es una rondalla.
Formar parte de una agrupación no consta sólo de participar musicalmente, también existe un compromiso con el género del cual se forma parte. No abusar de la inclusión de Agregados Culturales ayudará a la conservación del género y elevará la calidad de los grupos, al aumentar las expectativas.
Como muestra, podemos observar a las rondallas más reconocidas, cuyo calidad es tal que muy pocas veces utilizan Agregados. Esto no es obra de la casualidad, es parte de un proceso de preparación y trabajo cuyo resultado es notorio y congruente.
Pero, como siempre, esto es sólo mi opinión. Los invito a compartir la suya en los comentarios.
Dedicado a mi gran maestro rondallero del cual sigo aprendiendo: Ángel González Olmos.
Durante mi carrera musical, he tenido la fortuna de presentarme en diversos foros culturales dando recitales como acordeonista, teniendo del público respuestas muy variadas, desde gente que sale decepcionada porque esperaba escuchar una especie de recital de música norteña, hasta publico realmente intrigado por escuchar música no tan común, con un instrumento que generalmente se utiliza en géneros muy menospreciados.
Al terminar dichos recitales, muchos acercan a preguntarme si es difícil tocar el acordeón, si es caro el instrumento, cuántas horas estudio le dedico, dónde estudio, etc. Pero una pregunta muy recurrente es, ¿maestro, desde cuando usted empezó en la música? Y mi respuesta es, desde los 15 años, cuando comencé a tocar en la rondalla de la secundaria y luego en la rondalla de la iglesia. En sí, yo aún me considero rondallero.
Lo triste, es ver la reacción ocasional de algunas personas ante tal respuesta.
- Bueno maestro, sí, pero… ¿Cuando empezó a hacer o estudiar música ya en serio? Porque esos grupos que se ponen capas y tocan pandero no es música. Hacer música bien, solo se hace estudiando en escuelas o por lo menos tocando en grupos de rock o versátiles, o ya de perdida un trío o un mariachi, porque las rondallas no pasan de sus círculos y baladitas.
Está claro que gente así, no tiene idea del medio, y al mostrarle exponentes del género, campeones de concursos o propositivos, ven con asombro que la música de rondalla no se remite solamente a un estilo sencillo que la gente menosprecia. También les digo que sigo siendo rondallero, ya no de tiempo completo, aunque por otro lado creo que las rondallas un poco tenemos la culpa de esta percepcion de algunas personas y esto me lleva a unas preguntas:
¿Sabemos los rondalleros los posibles alcances de grupo?
¿La rondalla puede ser una propuesta seria de iniciación musical?
¿Las rondallas tienen un sistema de enseñanza metodológico donde puedan ofrecer al interesado adquirir ciertas habilidades en determinado tiempo?
En estos tiempos cibernéticos donde tenemos que competir con academias de música, el ciberespacio, el abaratamiento de instrumentos eléctricos, clases en casas de cultura muy accesibles (incluso gratis), etc. El no darnos cuenta de esta situación es, también, parte del declive del medio rondallero. Conozco mucha gente que piensa que los nuevos integrantes están obligados (casi) a rogarles para que entren al grupo. Aún me tocó ver ciertos grupos que pedían una especie de iniciación, donde el nuevo tenía que pasar por ciertas pruebas. Si alguien quiere estar en un grupo por aprender música, y es tratado de esta manera ahora tiene muchas opciones, creo que tienen que dejar esas prácticas retrógradas. No encuentro un valor significativo en hacer un noviciado, esos tiempos donde había grupos de treinta o cuarenta integrantes ha pasado a mejor vida y ahora los grupos tienen que darse cuenta de varias deficiencias para poder mejorarlas.
Así que enumerare algunas de Las ventajas de ser rondallero.
El precio de una guitarra mediana acústica, de calidad media-baja no supera los $ 1,000.00, lo que una guitarra eléctrica con un buen amplificador sí. Los mismo un piano, un teclado decente, una flauta transversa, un violín o (para mi desgracia) un acordeón. De modo que, para un padre es más fácil que hacer una inversión en una guitarra de mediana calidad. Sin embargo, recordemos que si el grupo no es atrayente o no tiene un sistema de enseñanza lo más probable es que el joven prefiera ir a ver un tutorial en youtube que estar en un grupo en el que no sienta avance.
El cantar afinadamente y tocar bien no es una cosa sencilla. Necesitas oír, desarrollar tu oído interno. El pertenecer a un grupo que canta a distintas voces es aún más difícil, pues propicia un desarrollo y te genera retos si van renovando el repertotorio.
Si el grupo tiene presentaciones, ya sea eventuales o semanales, en misa, etc., ese enfrentamiento al público es muy bueno, a diferencia de algunos músicos de academia que sólo tocan en fin de año (a veces ni eso). Aunque no es lo mismo tocar en grupo en un evento donde eres amenizador, a enfrentarte a un público que te pondrá su total atención.
Un libro o un video puede ayudarte, pero no puede decirte si estás haciendo las cosas correctamente, y sobre todo, alguna estrategia para mejorar ciertos aspectos. Cada persona tiene problemáticas diferentes y lo que ayuda a uno puede que no ayude del todo a otro. Por ello es preferible estar en un grupo que tratar de aprender viendo tutoriales, siempre y cuando el grupo sea bueno, tenga una parte técnica o un sistema interno de enseñanza (si no lo tienen nunca es tarde para comenzar) y haya disposición de todos en ayudar y mejorar.
En el caso de un concurso, el hecho de plantearse el reto de estar en un escenario demostrando un trabajo de alta calidad en equipo es excelente como medio de desarrollo musical. También la sociabilidad y el ambiente de amistad, la toleracia y la sinergia que se da en los concursos es muy bueno.
En general la rondalla sí es un buen grupo. Si tiene un buen método de enseñanza y no hacen demasiado énfasis en actividades extra musicales, puede ser un excelente medio de iniciación musical y lo ideal sería, después asistir a una escuela a perfeccionar algunas cosas. Un gran error de los que estudian es pretender llegar a una escuela, aprendiendo símbolos y tratando de racionalizar algo que debiera ser teóricamente predominado por el sentimiento y la expresión más que por la razón y el método.
Yo en lo personal mandaría a muchos de los que están estudiando música a un buen grupo para que inicien musicalmente. El problema es, si el grupo pudiera ofrecerle algo al joven o se le dirá que solo basta con cantar con sentimiento y quien quiera estar ahí bienvenido y quien no, que se vaya a otro grupo.
Continuaremos profundizando en este tema en otro artículo, pero eso será otro día.
Saludos público rondallero, en esta ocasión comentaré sobre un tema que he estado escuchando recurrentemente en algunas charlas en estos tiempos cibernéticamente rondalleros y que, resumiendo, es:
En los concursos, hay una tendencia a querer obtener un primer lugar a toda costa y muchos grupos recurren a fórmulas de grupos reconocidos que han ganado en los concursos para conseguir tal objetivo. Sin embargo, eso ha traído como resultado que nuestro amado género esté en una crisis, pues se está perdiendo la diversificación de estilo, frescura e innovación; los arreglos en ocasiones son predecibles.
Y la charla termina en que posiblemente el género ya dio lo que tenía que dar.
Este servidor, que vio nacer su carrera y su modo de vida en la rondalla, se niega a creer lo último, pero después del último CONACIME, temo que tengan algo de razón. Aunque todo tiene sus pros y sus contras, ya que no es nada despreciable ganar uno de los tantos concursos a nivel nacional, tener la oportunidad de medirte con otros grupos, el dar tu mejor esfuerzo, interpretar arreglos que la gente ajena al medio no aprecia, y una larga lista que hace que muchos sigan asistiendo. Pero tengan en cuenta que a veces el éxito de las metas a mediano plazo no siempre tiene que reflejar que las cosas estén del todo bien. Es decir, puede que sea bueno el éxito en lo particular para un grupo, pero a nivel general, para el género rondallero, posiblemente eso implique un retroceso.
Recordemos que hay demasiados imponderables que implican un concurso, es decir, aunque les duela mucho, no siempre gana el que propone, en los nacionales ya no asisten muchas rondallas, el número de participantes por categoría ha disminuido notablemente. Algunas formas, a veces un tanto incomprensibles de calificar, hacen que ya no sea del todo meritorio un lugar obtenido y demás detalles que hacen que grupos opten por no asistir a concursos.
Haciendo una recapitulación, las rondallas más memorables, que uno tiene presente, que propone elementos musicales al género, no han ganado todos los concursos. Dentro de esta lista se encuentran algunas que muchos en estos tiempos vanaglorian, que inclusive algunas en sus tiempos fueron criticadas fuertemente.
¿Eso significa que son malas? No. El punto es que a largo plazo muchos grupos, defendieron su esencia, su estilo y aunque no hayan ganado todo lo que posiblemente se hayan propuesto, siguen presente, aportando en su momento lo que pudieron en vez de irse por la via fácil que es copiar en vez de proponer.
Siendo un poco benevolente también hay que recalcar que no todos tenemos las mismas cualidades, habrá gente que por más que desee, sus arreglos serán sencillos, porque es un proceso difícil. Sin embargo, siempre habrá alguien que tiene esa chispa, ese ingenio, esa capacidad de sorprender, que por ahora necesita el género rondallero para salir de este breve estancamiento.
Concluyendo: amigos rondalleros de la nueva generación, ¿que quieren? ¿Ganar, tener el reconocimiento del jurado, éxito momentáneo? O, ¿buscar la trascendencia y ser los que traigan nuevos bríos al género a expensas de que posiblemente muchos no los acepten al 100% o no ganar todos los concursos a los que asistan?
El fin de semana pasado tuvimos la oportunidad de disfrutar del 2º Concurso Nacional de Zamora, mejor conocido como CONAZAM. Si bien éste es un concurso muy jóven, la excelente organización del evento lo ha puesto en los primeros planos nacionales, llegando a ser considerado por algunos como uno de los mejores concursos de rondallas del país.
Con una estructura muy similar a la del otrora gran concurso, CONACIME, el CONAZAM nos brindó una competencia limpia y bien librada por los grupos participantes, y en esta ocasión vertimos algunos comentarios acerca del mismo.
Jurados
Una vez más queda demostrado que la elección de jurados especializados es la mejor apuesta. Tener un jurado conformado por gente del medio rondallero permite que las calificaciones sean mucho más justas y con mayor credibilidad para todo el público. Hay que resaltar como un punto importante el hecho de que el comité organizador anunciara anticipadamente quiénes conformarían el grupo calificador, lo cual significó un atino en la organización del evento.
Conducción
CONAZAM apostó por personas con experiencia para la conducción del evento, lo cual originó que no hubiera fallos o que éstos fueran muy bien manejados por quienes tuvieron la responsabilidad de dirigir el programa. No es sencillo llevar un evento de este tipo, más aún cuando hay que procurar que los jurados cuenten con tiempo suficiente para emitir sus calificaciones. Quizás el único detalle fue cuando, en su afán de hacer más ameno el tiempo, recurrieron a pequeños chistes que (creo) desentonaron con el carácter formal que estaban imprimiendo.
Dinámica
El manejo de los tiempos fue muy aceptable durante la participación de los grupos y en los breves descansos entre categorías. Sin embargo, algo que no fue bien visto por muchos fueron las pruebas de audio realizadas con las rondallas de categoría Elite, lo cual generó un poco de desconcierto.
Convocatoria
La afluencia de grupos fue muy reducida, quizás por la cercanía de otros concursos, como lo fue el de Monterrey en septiembre y por otro lado CONACIME y CONART la semana siguiente. Es un hecho extraño, ya que CONAZAM dio muestras de su propuesta desde la primera edición, en 2009, sin mencionar los premios económicos que ofrecieron a los triunfadores. Sin duda este evento crecerá en convocatoria con el pasar de los años.
Calificación
Como ya lo habíamos mencionado, la elección del jurado fue un atino y queda demostrado con la justicia de los resultados emitidos. Sabemos de sobra que en cada concurso existen personas que no quedan conformes con los resultados, lo cual es normal si tomamos en cuenta la diversidad de gustos y estilos en los participantes y en el público. Sin embargo, en este concurso los resultados tuvieron un nivel de aceptación muy considerable.
Grupos
El nivel de los grupos participantes dejó a muchos con un sabor agridulce. Creo que este punto va de la mano con el tema de la convocatoria, entre mayor sea ésta mucho mayor será el nivel competitivo y la diversidad de estilos. Mención aparte merece el hecho de que la categoría Elite reunierá a dos grandes rondallas, la Rondalla del Desierto de Sonora y la Rondalla Femenil UNISON, lo cual fue un deleite para los asistentes.
Transmisión en vivo
El portal Rondallas de México hizo anuncio con bombo y platillos de la transmisión por internet del concurso, lo cual impactó a la comunidad rondallera, al permitirles presenciar a distancia un evento al que muchos no pudieron asistir. La realidad fue que la calidad de la transmisión dejó mucho que desear, con numerosos cortes en la señal y cuando, iniciando la categoría Elite, la que todos querían ver, el servidor dejó de responder para no volver jamás. Es entendible que existan situaciones inesperadas y ajenas a los responsables de la transmisión, sin embargo, también pueden prevenirse mediante un sistema de transmisión alterno por si acaso. Cabe mencionar que éste último punto nada tiene que ver con el comité organizador del concurso, ya que ellos no son responsables de dicha actividad.
El fin de semana pasado, como todos saben, se llevó a cabo este concurso que se ha colocado ya dentro de los eventos de tradición del movimiento rondallero de nuestro país. Fue una edición sin contratiempos y sin controversias, ya que, en términos generales, hubo una justa calificación de las rondallas participantes y la mayoría de ellas se mostraron conformes con los resultados.
Es por ello que sólo haré algunas puntualizaciones de lo que pude observar durante el desarrollo del concurso. Cabe aclarar, como siempre, que ésto es una opinión personal, cada quien le dará el peso que crea conveniente. Lo que sí me interesa es la opinión de ustedes, amables lectores.
Jurados
Creo que la justicia en los resultados es producto de la elección del jurado. Tener un jurado conformado por gente del medio rondallero es un acierto, ya que el punto de vista está bien cimentado en la historia y el conocimiento de cada grupo por parte de quienes califican.
Dinámica
Los tiempos del concurso fueron muy buenos en realidad, hubo algunas pausas anunciadas y el tiempo de espera para conocer los resultados fue, realmente, muy corto, en comparación con otros concursos donde hay que esperar mucho para escuchar las calificaciones finales.
Conducción
Así como hubo cosas buenas en este concurso también existieron algunos detalles no tan positivos. La conducción del programa fue uno de éstos. Muchas muletillas, errores de lectura, titubeos y falta de desenvolvimiento escénico fueron recurrentes durante los dos días de competencia. Es muy admirable el esfuerzo realizado por ambos chicos, pero creo que es un punto en el que se puede mejorar.
Convocatoria
A diferencia de otros concursos y otras ediciones, en este evento hubo una participación menor. Como ejemplo tenemos a la Categoría A, donde sólo hubo participación de rondallas regiomontanas. Desconozco si la proximidad de los concursos venideros (Zamora, Torreón y CONACIME) haya repercutido en la asistencia de los grupos, sin embargo, es un punto que hay que analizar para encontrar las razones y apuntalar dónde haga falta para aumentar la convocatoria. Aún así, el nivel fue muy bueno y la calidad de los grupos no defraudó.
Calificación
El sistema de calificación fue muy bueno en tanto que produjo resultados confiables. Creo firmemente que la acumulación de puntos es la mejor manera de calificar, dado que promueve la constancia y el trabajo grupal. Otro punto a considerar es la pronta publicación de resultados. Desde el primer día ya se podían visualizar las puntuaciones en los sitios de la Rondalla Nota de Amor y la Rondalla Femenil Kristal. ¡Excelente!
Grupos
En cuanto a las rondallas asistentes hubo un nivel muy considerable. Hubo un punto que llamó poderosamente mi atención y es la tendencia de los arreglos de ciertas agrupaciones. Algunos grupos, en su afán de impresionar al jurado y a los asistentes en general, presentaron arreglos sumamente elaborados y hasta cierto punto sobrecargados, al grado de perder, en algunos casos, el objetivo del arreglo. En esta ocasión las rondallas de Categoría Doble A dieron el ejemplo, con trabajos muy limpios, bien elaborados, una excelente ejecución y arreglos con sentido e intención. Sin duda, estas cuatro rondallas demostraron el porqué están en dicha categoría.